Cómo combatir la falta de sueño durante la maternidad

Parece ser que la falta de sueño va implícita en el cargo de ser madre (o padre). Es una deficiencia que empieza a aparecer en el embarazo y, en muchas ocasiones, no desaparece hasta que el niño cumple aproximadamente los 6 años. La maternidad trae muchas cosas positivas a nuestra vida, pero también debemos tener en cuenta las pequeñas cosas negativas, para poder reducir su impacto.

Muchos de los consejos típicos para dormir hacen referencia al entorno de sueño o a calmarse antes de acostarse. Son consejos prácticos, pueden ser de gran utilidad, pero esto no ayuda del todo cuando debes despertarte hasta seis veces por noche para acunar al bebé o colocar su chupete en la boca.

Falta de sueño en la maternidad

Efectos en la salud

Hay madres afortunadas que pueden confirmar la excepción de esta regla relacionada con la deficiencia del sueño en la maternidad. Los consejos que seguir suelen ser incompatibles con un bebé al que atender, por eso muchas veces es más sencillo y práctico comprar suplementos para dormir. Debes prestar atención a su etiqueta y elaboración, con ingredientes naturales y que no tengas efectos secundarios para mujeres embarazadas o en período de lactancia. En caso de duda consulta con un profesional de la salud.

Cabe añadir que, según un estudio realizado en la Universidad de Warwick (Reino Unido), las madres sufren en mayor medida los efectos relacionados con la falta de sueño, tanto en el embarazo como en los primeros años de la maternidad. Los cambios hormonales pueden afectar significativamente a esta deficiencia, al igual que la práctica del colecho o dar pecho al pequeño. No obstante, el tiempo que puede durar esta situación, y la calidad de sueño del niño y sus padres, puede variar dependiendo del caso.

Consejos para madres con falta de sueño

Cuando tienes niños pequeños, despertarse en medio de la noche puede ser más la regla que la excepción. A veces parece imposible evitar esta situación que produce estrés, cansancio y altera el nerviosismo, pero existen alternativas que sirven para ayudar a dormir más y mejor.

  • Programa unos horarios de sueño

No tomes la mala costumbre de acostarte a la medianoche. Resulta que quedarse despierto hasta tarde puede interferir con tu ritmo circadiano. Esto también ocurre a la inversa, cuando intentas acostarte temprano para compensarlo la noche siguiente. Es recomendable establecer unos horarios estrictos y cumplir con ellos cada noche.

  • La importancia de la siesta

Las pequeñas cabezadas pueden salvarnos el día. No hace falta dormir una larga siesta después de comer, de hecho, puede que no sea lo más adecuado. En cambio, si en el trayecto hasta tu trabajo usas el transporte público, puedes aprovechar para dormir 10-20 minutos. En cualquier caso, puedes dormir la siesta cuando tu bebé duerma, nunca minutos antes de acostarte, sino te costará más conciliar el sueño.

  • Establece turnos con tu pareja

Divide y vencerás. Parte la noche en dos. Mientras que uno de vosotros se ocupa de la primera mitad, que el otro esté pendiente del bebé en la segunda parte. De esta forma, la responsabilidad se dividirá y ambos podréis descansar durante más tiempo seguido cada noche. Es aconsejable usar tapones para los oídos o aislarte en una habitación alejada durante la mitad en la que te toca descansar.

  • Enseña a tu hijo a dormir profundamente

Se necesitan de tres a seis meses para que los bebés adopten un horario de sueño parecido al de sus padres. Mientras tanto, lo habitual es que se despierten unas seis veces cada noche. En cambio, el problema se recrudece cuando el niño crece y sigue sin conciliar sueño por las noches. Puedes recurrir a tu pediatra para marcar unas pautas y hábitos saludables que ayuden a dormir a tu hijo.

  • Relajación antes de acostarte

Solemos centrarnos en los hábitos para que el bebé se duerma: una nana, un cuento, un sorbo de agua antes de ir a la cama, etc. En cambio, puede ser favorable seguir una serie de rutinas para nosotras mismas. Estos rituales son importantes para todos, no solo para los niños pequeños. Puedes optar por leer un libro o escuchar música relajante antes de cerrar los ojos e intentar dormir.

Dulces sueños.

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